¿Cuánto vale el trabajo doméstico? Cocinar, lavar, planchar, cuidar a los niños y los ancianos, limpiar los baños y regar las plantas no fueron actividades tomadas en serio por los economistas. Parecen insignificantes comparadas con las labores que producen valor fuera del hogar, en las fábricas, las oficinas, los laboratorios o las cantinas.

Qué me dirían ustedes si les contara que hemos vivido en el error, que el trabajo doméstico tiene un valor que va de 20 a 30% del producto bruto interno (PBI). Esas humildes actividades generan una contribución a la economía nacional superior a la de la industria petrolera o la turística."
Así encabeza su artículo el economista mexicano Luis Miguel González, señalando la importancia y el peso del trabajo doméstico sobre la economía. Se suma el hecho de que las mujeres son, en gran mayoría, quienes aportan un tercio a la riqueza de una nación, pero no se las toma en cuenta.
El viejo, perimido esquema del hombre proveedor y la mujer como sostén de las actividades de la casa -que no son pocas- se mantiene. Pese a que ellas ganaron lugar en los espacios laborales productivos, tanto en oficinas, fábricas o empresas de todo tipo, no sucedió lo mismo y en igual proporción el camino inverso, esto es, que los hombres se hagan cargo de las tareas domésticas.
Según una encuesta en la Argentina de 2011, ellas le dedican un promedio de 9.30 horas por semana, mientras que ellos sólo 3.12 horas. Las que viven en pareja son quienes más invierten en las tareas domésticas, mientras que las divorciadas que viven solas reducen una hora y media el tiempo de dedicación al hogar.
La relatora de ONU Magdalena Sepúlveda menciona que "el trabajo doméstico se da por sentado y supone un gran obstáculo para la igualdad entre hombres y mujeres, ya que ocupa el tiempo de las mujeres y les impide acceder a la educación, el trabajo digno, la salud y participar en el gobierno".
Tal vez lo más grave sea que esta situación no cuente para medir la riqueza productiva, es decir, impera la subestimación e invisibilización, harto evidente cuando el ex ministro Domingo Cavallo tuvo la desafortunada invitación a los científicos de que se vayan a lavar los platos.
Pero el irregular método de medición está en vías de cambio. A partir de algunas revisiones se identificó que el trabajo doméstico llega a representar entre el 20 y 30% del PBI. La situación, arriesgamos, podría resolverse mediante una técnica propia de las empresas: la descripción de tareas.
Así como se está imponiendo la división de bienes previo al matrimonio, también podría agregarse una prolija anotación de cómo van a ser distribuidas las necesidades de la familia a constituir. Quién se va a hacer responsable de cada actividad, repartiéndolas equitativamente.
Luego, cuantificar los aportes de cada uno y proporcionar los ingresos, ya sea para uso individual o conjunto. Esta modalidad pondría en equilibrio lo que se encuentra desbalanceado, a favor de los hombres y en detrimento de las mujeres.
No hay que olvidar que el ámbito doméstico es también un tiempo y espacio de formación, donde se generan talentos. Mediante este vínculo con la actividad productiva se podrá evaluar mejor la importancia de llevar los chicos al colegio, ayudarlos en los deberes, darles de comer o mantener limpia la casa. Podríamos decir que las mujeres en general constituyen hoy uno de los grupos vulnerables. Y lo seguirán siendo, en tanto se considere lógico y normal que un señor entre a su casa preguntando: "¿Todo bien? ¿Qué hiciste para comer?".
Desde La Nacion por Jorge Mosqueira
Dr. Jorge W. Diaz Walker
No hay comentarios:
Publicar un comentario